Épiphanie éphémère

Fugaz epifanía de una existencia

44. Apartamento 404.

No recordaba haber dejado la puerta abierta. La casa estaba a oscuras. Al menos allí todo estaría en su lugar, sin cambios bruscos ni ausencias. Tropezó con la mesa de sala y puso sobre ella las llaves y la corbata. A tientas dio con el sofá y se dejó caer. Prefería aquella oscuridad, sin ojos sobre óleos escrutándole en silencio. A sus pies, la mesa. Unos metros hacia el fondo, la repisa. Todo en orden, pensó. A la izquierda, tras la puerta, se encontraba la cocina. O a la derecha. ¡Qué más daba!

Y ahora ese ruido. Voces. En su imaginación, pensó. Pero no, veía a aquel hombre de azul hablándole a gritos. Fuera de su mente. Aquella sala sin cuadros ni cerámicas. Recogió las llaves. El niño pequeño le sonrió al salir. Un portazo.  Cesaban los ruidos nuevamente, nuevamente se cerraban las puertas a sus narices. 404. Tomó el maletín y se dirigió a la escalera.

JdDios.

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Filed under: amor locura y muerte

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